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viernes, 16 de mayo de 2008

LAS REFLEXIONES DE CARLOS

Ayer accedí por pura casualidad a un blog llamado " disculpasaceptadas.blogspot.com", en el que encontré un escrito, bajo el encabezamiento del nombre del Guardia Civil asesinado en Legutiano, JUAN MANUEL PIÑUEL VILLALÓN, realizado por Carlos, el creador del blog.

Carlos comparte en ese espacio sus reflexiones sobre el atentado y personalmente me gustó mucho, así que pensé en pedirle permiso para publicar su escrito en este blog, me puse en contacto con él y muy amablemente nos lo ha concedido.

Hola, Mustelus. Puedes citarme siempre que lo desees. Aunque te recomiendo que eches un vistazo a mi blog, que tiene una adscripción política clara (PSOE). Aunque no querría que la fuente hicera que mi entrada te gustase menos (pues la escribí con el corazón), creo que tienes derecho a saber bien de dónde viene. En cualquier caso, gracias por tus amables comentarios y el enace a tu blog. Me parece muy interesante y ten por seguro que me pasaré por aquí.

Yo no tengo adscripción política alguna y en este sentido, me identifico símplemente con las ideas, no con los partidos políticos, en base a lo que creo que está bien o mal y me da igual la banda de donde vengan las ideas o iniciativas, si de lo que se llama izquierda o de lo que se llama derecha, pero de una cosa estoy convencido... que lo que has escrito lo has hecho de corazón y se nota.... por eso me ha gustado.

Carlos... muchas gracias, por compartir tus ideas con nosotros.

JUAN MANUEL PIÑUEL VILLALÓN

Cada vez que hay un atentado, nos obligamos a recordar lo retorcidamente estúpidos y malvados que pueden llegar a ser los terroristas. Pero también hemos de recordarnos que cada uno de los muertos que provoca la barbarie imbécil de esta gentuza, son personas de verdad con nombre, apellidos, familia, fecha de cumpleaños y, por desgracia, fecha de fallecimiento a causa de la actividad mafiosa de unos tarados que se creen envueltos en la capa de Robin Hood.

Imaginad ser Juan Manuel Piñuel Villalón. Tenemos 41 años, estamos casados, somos padres de un chaval estupendo. Trabajamos en la Guardia Civil, que es un trabajo que tiene sus puntos, pese a estar bastante mal pagado y ser un poco desagradecido. Aún así seguimos en el cuerpo, por razones que son sólo nuestras; para qué andar dando explicaciones tan personales.

Somos de Melilla y, como muchos otros guardias, lo que más nos apetece es un destino en casa. Pero no es fácil. Tras vivir varios años en Málaga, hemos decidido hacer méritos en el País Vasco para tener más puntos a la hora de pedir un traslado y que nos destinen a Melilla. Con la familia, los amigos de siempre, para que nuestro chaval llegue a la edad adulta en el mismo sitio que nosotros.

Aunque Legutiano está en Álava y ésta es una provincia vasca relativamente tranquila, tenemos que hacer guardias en la Casa Cuartel, como en cualquier otro sitio de España. Sabemos de sobra que, aunque hay más guardias vigilando con nosotros, si los de ETA quieren atentar lo harán. La experiencia nos dice que nunca existe la seguridad completa. Aún así, las guardias suelen resumirse en lo mismo: sueño, aburrimiento y dolor de pies.

A las tres de la mañana de hoy, una furgoneta que realmente tampoco estaba tan cerca, explota. Trescientos kilos de explosivo hacen que la furgoneta se hinche, luego es envuelta en una bola de fuego que crece y crece, lanzando escombros y trozos de metal punzantes y afilados en todas las direcciones. Antes de que la bola fuego llegue a donde estamos nosotros, el aire, comprimido por la fuerza de la explosión, nos golpea como si nos atropellase un camión. El pequeño edificio de vigilancia donde estamos se derrumba encima nuestro. Y nuestra vida acaba sin que nos haya dado tiempo a oir la explosión. Ya está. Hasta ahí hemos llegado.

Ni Melilla, ni mujer, ni hijo, ni parientes, ni traslado, ni nada de nada. Para colmo, una panda de desgraciados con camisetas a rayas, forros polares y pinta de guays, dirán en sus ayuntamientos, en el parlamento vasco y en todos los medios que quieran oírles que "lamentan" nuestra muerte, pero que "hay que ir a las causas del conflicto porque una condena no soluciona nada". Hijoputas. Lo peor es que ni lamentan, ni quieren solución. Sin conocernos de nada, sin saber qué clase de personas somos, se han alegrado intimamente de nuestra muerte. Tiene cojones el asunto.

http://disculpasaceptadas.blogspot.com/


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